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Porque la música merece ser vivida

Sólo has escuchado el primer beat y tu cuerpo no puede parar de moverse, es sólo el primer golpe del tambor y tus caderas no quieren dejar de bailar.

Artículo por: Edgar Meza







Es música, verdadera música y tú lo sabes.

Lo estás experimentando no sólo a través de tus oídos; puedes sentirla, la puedes identificar por medio de una vibración cuando el bass es ajustado muy alto, la puedes abrazar en tu alma cuando te sientes tan mal que escuchas una balada, cuando estás tan prendido que prefieres ir a lo electrónico o cuando estás enamorado y lo único que deseas es apegarte a la música y dejarla guiarte a lugares inimaginables a donde ambos, como pareja, pueden llegar cuando la distancia los separe sólo teniendo que escuchar aquella canción que juraron los mantendría juntos por siempre.

Es increíble lo que puedes hacer con cinco líneas y cuatro espacios, imaginar lo que se puede hacer con una sucesión de manchas y cómo las mismas nos dictan qué hacer y en qué momento hacerlo; puede que sea un desorden en una hoja de papel, pero para nuestro ser significa un orden magistral, un orden que lleva verdaderos sentimientos, ya sea pasión, dolor, arrepentimiento; es aquella manera de expresarse y sentirnos vulnerables pero que a la vez amamos tanto.

Es música y a diario la experimentamos, cuando vamos en el bus y por un segundo las bocinas de los automóviles forman una perfecta melodía con el sonido del motor, cuando hacemos sonar los lápices en medio de un examen y todos se fusionan para crear la combinación perfecta en percusión; porque a lo largo del día creamos música, porque a lo largo del día le ponemos poca atención, porque existe la música sin ser descubierta; por todo eso y más les permitimos conocer un poquito más de está tan hermosa mujer que seduce nuestros sentidos, además le dedicamos un espacio en nuestra vida y nos permitimos amarla siempre y cuando valga la pena ser escuchada.

Para que la música viva en cada día, y que cada día se convierta en música en nuestro vivir, le permitiremos hacernos bailar sólo por un segundo más.